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Carta abierta a Julio César Rivas

Profesor Luis García Planchart

Adios Caru

Arianna Quintero

Apreciado Julio:


En más de una oportunidad he admirado tu posición valiente frente al régimen comunista que está acabando con este país.
Hoy, sin embargo, como padre, abuelo y profesor universitario, me siento obligado a llamarte la atención.


Aunque a mis alumnos les cueste trabajo creerlo, fui joven como tú. De la generación de 1958. La de Los Beatles, que hicieron una revolución haciendo el amor y no la guerra. Antes de ellos, las parejas no tenían relaciones íntimas. Los hombres se calentaban con las novias, y se desfogaban con las prostitutas. Era un mundo realmente gris y muy triste por cierto.


En una protesta contra la Seguridad Nacional y la Guardia Nacional de Marcos Pérez Jiménez, Nelson, mi compañero del Liceo de Aplicación, fue herido por una bala en el pie y cayó en mis brazos. Algunos días después, recibí un planazo y estuve casi cuatro horas en Capuchinos, en una alcantarilla, respirando a medio pulmón.
Mi abuela, que en paz descanse, me curó con árnica para que papá no me viera el rojez dejado por el machete, lo cual habría significado –a lo mejor- una pela y admoniciones sobre mi comportamiento antisocial.


Cuando llegó la democracia y hubo un golpe de estado contra ella, salí con un rifle calibre 22 a defender el sistema contra los insurgentes del Palacio Blanco.


Julio, te estoy hablando de una edad de 17 a 18 años, en la cual ya sabía cómo preparar cócteles Molotov y echárselos a las pick-up de la Seguranal y de la Guardia.
Los adecos, los comunistas, los copeyanos y los urredistas que trabajaron en la clandestinidad contra la dictadura perezjimenista, que integraron la Junta Patriótica y que lograron derribar al oprobioso gobierno de entonces, así como los miles de jóvenes que nos convertimos en carne de cañón entonces, fuimos miserablemente traicionados. ¿Por quiénes? Por los que se habían ido. Por los que volvieron, y nos apartaron como se espanta a los zancudos, de un capirotazo. Esa es, Julio, la triste verdad que los chamos vivimos en aquellos tiempos, y que no desearía que ustedes volvieran a experimentar.


Julio: Eres joven y tienes un mundo por delante. Pero como sé cómo te sientes, y puedo retrotarme a tu visión del mundo –que era la mía cuando tenía tu edad-, quiero hacerte algunos señalamientos para tu desempeño, partiendo del dicho de que más sabe el diablo por viejo que por diablo.


En primer lugar, debo decirte que es muy fácil seducir a un joven. El octogenario sátrapa cubano ha decretado en la isla sumisa que una botella de ron y un catre para folgar son suficientes para mantener más de 50 años de tiranía. Pero para seducir a un joven como tú, quizás hacen falta más cosas: un supuesto cargo en la Anal -o Asamblea Nacional- . Una 4x4. Un apartamento. ¡Qué sé yo! Perdón, no hablo de tus valores ni convicciones, sino de tu edad –que en tu caso, es un handicap y no un plus--.


La gente con la cual estás asociado, a mi parecer, es una mierda. Fíjate que Don Álvaro Uribe, Presidente de Colombia, no le puso empeño a la reelección –aunque sabía que podía lograrla-, no porque no le gustara el poder, sino porque reflexionó y se convenció de que ya estaba bien.


Pero la tribu de lo Salas quiere ser reelegida per secula seculorum. Como Chávez. Y eso no está nada bien.


Por eso, Julio, te pido reflexiones y recapacites. Y no entregues el pequeño capital que ahora posees a esa horda de facinerosos colaboracionistas que sólo pretenden mantener sus cuotas de poder al costo que sea, aún cuando implique la definitiva desintegració n, quiebre u holocausto de la República.


Julio, sí hubiese sido mi alumno, hasta ahora tendrías 20/20, pero el domingo te hubiese puesto 0.


Y perdóname que te hable como un docente pues, al fin y al cabo, eso es lo que soy.

Tanto que te quise Caruaíto de mi vida. Fueron 15 años pisando tus gramitas, viendo como mi abuelita te convertía en un oasis de maticas, flores, cartelitos y detalles. Me acuerdo la primera vez que te vimos, eras un terrenito con potencial, la casa estaba bastante maltrecha y tenías pocas plantas para darnos cobijo, pero nos picaste cómplice el ojo, supimos que eras el lugar perfecto para que mis abuelitos vivieran el atardecer de colores que se merecían tras una larga estadía en este mundo. Te bautizaron "La Guachafita" porque así somos los Quintero, jodedorcitos, compinchosos, un clan. Pasé mil vacaciones contigo, me recorrí todas las playas que te quedaban cerca, los ríos, las montañas, viví mis necedades adolescentes y crecí refugiándome en tus tierras. Porque eso fuiste siempre para mí: un refugio, un remanso de paz, un escape de la urbe, de la vida, de todo. Ese era el papel que jugabas para mis abuelos y yo decidí pegarme en esa. Sí, supongo que ya te habrás dado cuenta de que te hablo en pasado, también debes estar aterrado con la quema y la tala que te desnudó. Y sé que tú también nos vas a extrañar, porque durante 15 años te dimos amor y cuidados que nos devolviste en frutos y verdes agradecidos. Lo siento muchísimo, nunca quisimos abandonarte, pero te mereces una explicación y te la voy a dar.

El 28 de febrero estaban Inés, Luis Gerónimo, Lucía, Victoria, Fredy e Ignacio en La Guachafita, tú sabes, de esas combinaciones que se daban sin que nadie avisara antes porque a esa casa entraban todos como río en conuco. La calidez de mis abuelos siempre lo permitió. De pronto vino Aníbal, el muchacho que te cuidaba junto a mi abuelos, a darnos el pitazo de que estaban invadiendo por la entrada. Ya había pasado antes y lo habíamos resuelto en paz y por la ley, todos tus papeles están en regla. Pero esta vez la cosa se veía peor. Llegaron decididos a talar y "limpiar el terreno", cuando les preguntamos nos trataron groseramente y supimos que era el Consejo Comunal el que autorizaba el desatino. Fuimos ese mismo domingo a ver al presidente del Consejo, nos recibió tranquilo y nos dijo que no era su culpa, que la asamblea comunal había resuelto revisar tus papeles, pero que no se autorizaba la invasión en sí... Hicimos una cita para el martes siguiente, llevaríamos los documentos para que vieran que estabas en regla. Ahora sabemos que fue ingenuidad, pensamos que el diálogo era posible. No fue así. El pueblo de Caruao, esa gente con la que mis abuelos convivió en perfecta armonía durante 15 años, esa gente con quienes cantamos aguinaldos en las misas de gallo, esos niños a quienes mi abuelita llevó a pintar y les leyó cuentos, ESE pueblo, sin avisar, nos convirtió en el enemigo. Pasamos de ser los guachafitos a ser "terratenientes", "oligarcas" y otro montón de cosas que no entendemos. Ellos se transformaron en "cimarrones", "oprimidos" y "necesitados". No nos dejaron hablar y los documentos fueron de paseo, ni les interesaba verlos. Qué irónico, pensar que si tu tierra no estaba mejor aprovechada, fue porque no había manera de conseguir mano de obra en la zona. 

Así las cosas nos fuimos consternados de la reunión, mis abuelos estaban aterrados, no comprendían una palabra de lo que les estaba pasando. Durante esa semana terminaron de quemarte enterito, te talaron cada arbolito, te convirtieron en un desierto triste y mustio. Nosotros hablamos con el Gobernador de Vargas, con la policía y la Guardia Nacional. Al siguiente sábado pusimos la denuncia en la GN y el Gobernador mismito dio la orden de desalojo. Se apareció el mismísimo Procurador con un Comandante y toda una comisión de hombres armados a poner orden. Mandaron a llamar al Consejo Comunal y se apareció toda una poblada. No lograron llegar a nada, esa gente estaba enardecida, desesperada de ira, era terrible ver cómo nos habíamos convertido en el objetivo de tanta rabia. Ese día se apareció toda la familia a apoyarte. Nos fuimos bastante desesperanzados, pero decidimos darle un compás de tiempo a las autoridades que tanto apoyo nos estaban dando, para ver qué pasaba. El domingo en la tarde se complicó la cosa. Los invasores se aparecieron a hacer un sancocho y terminar de talar a punta de machete. Nosotros llamamos a la GN desesperados tratando de protegerte, llegaron en 40 minutos, echaron unos tiros al aire y se llevaron a uno preso por indocumentado. Tratar de poner orden y defenderte fué un detonante veloz, la gente se incendió de rabia, comenzaron a amenazarnos a gritos desde lejos. Luego un par de ellos se fue hasta la casa donde estaban sólo Antonio y mis abuelitos a decirles que si a las 9pm no habían soltado al detenido, lo pagábamos nosotros, quemarían la casa con todos adentro y si pasábamos por el pueblo quemaban el carro. Antonio nos llamó asustadísimo, y con toda razón. Arrancamos para allá en el acto, como te dije, los Quintero somos un clan unido. En el camino Carola nos avisó que en el pueblo había armado un zaperoco, que la poblada se quería meter a la casa y la policía trataba de pararlos. Hasta la policía estaba en pánico, no había pistola posible. Llegamos y todo se calmó cuando se le pidió a la GN que soltara al vándalo...no teníamos cómo protegernos. Fue muy triste, tuvimos que recoger lo que pudimos. Por primera vez en mi vida entera vi a mi abuelo llorar, mi abuelita devastada, mi mamá, toda la familia. Nunca pensamos que tendríamos que salir de tus tierras como refugiados de guerra, pero eso somos. Todos -ellos "los malos" y nosotros "los buenos"- somos TODOS  víctimas de una situación que nos supera. De un gobierno al que se le fué de las manos la situación, se les fué de las manos su discurso de confrontación, que no logra aplicar la autoridad porque no han sabido dar el ejemplo. De una descomposición social que no para, que se algidece con el consumo de drogas y alcohol, con las promesas no cumplidas y con la ley del mínimo esfuerzo. Puedes creer que fuimos a la fiscalía a poner la denuncia y tanto la fiscal, como el procurador, como el comandante de la GN  dijeron que no podían hacer nada... Sí, nosotros también estamos tristes, nos dolió en el alma despedirnos de tí. Sobre todo así, tan rápido, en apenas una semana acostumbrarse a la idea de no verte más. Pero tienes que entender que para nosotros lo importante es la vida de mis abuelos y con las cosas como están ya no puedes ser un hogar para ellos. Chao Caru. Chao para siempre. Tanto que te quise.

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