INTERMEZZO

Se equivocan quienes creen que el domingo habrá un terremoto político de 10 grados en la escala de Richter en Venezuela. De temblor de baja intensidad no pasará. Como lo dijo el dictador romano, allea iacta est: la suerte está echada.

La crisis ha alcanzado ribetes pavorosos y no existe un solo síntoma que augure mejoría
o intento rectificatorio de parte de sus culpables. Seguimos cuesta abajo. Y como lo dice la experiencia histórica, crisis de estas dimensiones son insondables: no tienen fondo. Estamos muy mal, pero todavía hay tiempo y espacio para que podamos estar peor. Ya se comen perros y gatos. Se rastrojea en la basura. En La Unión Soviética, modelo al que quisieran aferrarse los responsables, se llegó al canibalismo. En Cuba, durante el período especial, cundió la ceguera por causa de la avitaminosis. En China la hambruna afecto a millones y millones de campesinos pobres. En Venezuela, el cochino sigue teniendo manteca.
De ese espacio de aguante que ofrece la que fuera la más próspera de las sociedades latinoamericanas hace treinta, cuarenta años, son perfectamente conscientes los estrategas cubanos. A quienes el hambre, la muerte, las elevadas cifras de mortandad de niños, adultos y ancianos en los hospitales venezolanos, no les debe provocar mayores preocupaciones. Son el costo calculado de un proceso histórico que, para alcanzar la tabla rasa propicia para edificar la sociedad perfecta del futuro, debe pasar necesariamente por estos despojamientos colectivos. Lo dijeron en el pasado el economista Jorge Giordani, el gobernador Tarek El Aissami, el diputado Héctor Rodríguez. Se prepararon para una primera fase de treinta años. I
Van apenas 18 años de chavismo, quince bajo la batuta directa del Palacio de la Revolución, cuatro bajo el control del encargado directo del gobierno de la satrapía sometida al poder cubano. Lo cual ya hubiera permitido avanzar seria y realmente por la senda de la transición hacia el socialismo, vale decir, al totalitarismo puro y duro,  si la oposición venezolana no hubiera resultado tan indoblegable, tan cimarrona, tan indócil. Malcriada y habituada a gozar de los bienes petroleros. Si a pesar de la huida masiva de millones de venezolanos de las clases medias, sobran muchos más millones de todas las clases sociales que rechazan al régimen y se niegan a rendirse. Y si quienes se resisten no tuvieran vías de expresión y lucha, se las inventan. No sólo ni primordialmente los partidos políticos, en gran medida culpables de la situación y retrasados a grandes distancias del sentimiento popular, sino espacios inventados de la nada que van a dar a la calle. A esas calles rebeldes y resistentes de las vanguardias que avanzan y se repliegan, atacan y retroceden, se recuperan y restañan sus heridas para volver al ataque. Estamos en medio de uno de esos períodos de repliegue, inducido por el acuerdo gobierno oposición de ir a estas regionales del próximo domingo.
Porque allí radica el problema: la lucha no se dirimirá este próximo domingo, cuando se verifique el clásico interludio de las simulaciones y simulacros que suelen escenificar las fuerzas políticas en estados de crisis. Simulacros que constituyen, ya lo dijo Thomas Hobbes, parte neurálgica de esa guerra de todos contra todos en los interludios de las crisis irresueltas. Las partes de este simulacro – el gobierno y los partidos de la MUD – implícita o explícitamente le han quitado la mecha a la bomba de tiempo y desarmado la granada: han castrado el proceso electoral de cualquier accidente insurgente, de modo que nadie salga verdaderamente herido de la seudo contienda. Suceda lo que suceda, las partes ya fumaron la pipa de la paz y han acordado el fin de las refriegas hasta diciembre del 2018. Más de un observador hasta cree, de buena fe, que el gobierno cubano podría prestar sus oficios para que la sangre no llegue al río. Precisamente el gobierno cubano, responsable de esta Venezuela exangüe que apenas sobrevive.
Pero basta asomarse a la calle para constatar que la crisis está prendida. Que el hambre arrasa y la indignación se acrecienta. Que pasado el caramelo y los cantos de sirena electorales los temas dominantes volverán a ser los mismos: la brutal inflación, el hundimiento de PDVSA, la gigantesca deuda externa, la falta de pan y medicinas, la sangría de nuestras clases populares, que ya lacera los tobillos de las clases medias y han llevado la pobreza al altar del 80% de los hogares venezolanos. ¿Quién puede anestesiar con elecciones el hambre que devora las entrañas? Voto no mata hambre.
De modo que, en rigor y en atención al contexto y contenido real de la crisis, lo que suceda este domingo será irrelevante. Lo relevante es y seguirá siendo la crisis económica, el hambre, el desabastecimiento, ahora incluso la falta de efectivo. Y las ansias que ya resuenan: la Libertad, la Dignidad, la Moral de una nueva y anhelada Venezuela liberada. Ya algún chavista adelantó volver al trueque. ¿Será posible? Por ahora, los últimos reductos se rindieron, sus guerreros aceptaron cambiar la calle por voto y plegarse a la mayoría incandescente de quienes han hecho y harán lo imposible por evitar pasar del simulacro a la verdad y de la verdad a la guerra. Con todo lo que ello implica: la aceptación de las reivindicaciones principales de las partes, el perdón por los crímenes cometidos, la seguridad de bienes y posiciones a quienes se han enriquecido hasta el hartazgo. Borrón y cuenta nueva. Y un pacto a futuro. Ya el gobierno mexicano ha asegurado su disposición a asumir los compromisos de la entrega del petróleo a Cuba, a cambio que ésta acepte retirarse del campo de dominio, que jamás llegó a ser ni será un campo de batalla.
Por todo ello y por repugnante que nos parezca, creo que el domingo no sucederá nada del otro mundo. Ni la oposición arrasará con sus siete millones y medio u ocho millones de electores, ni el gobierno recibirá una paliza de dimensiones históricas, ni la Venezuela despertará el 16 de Octubre bajo el esplendoroso sol de la libertad. Será un día electoral más, de los que hemos vivido año tras año, sin que nada ni nadie se haya movido de su sitio. No se siente la pasión de las ofensivas, habrá mucho voto a disgusto y no poca abstención desinteresada. Si luego de arrasar en las parlamentarias y lograr la hazaña de llegar a dominar su mayoría, no sucedió nada, ¿por qué habría de pasar incluso conquistando todas las gobernaciones? ¿Ya se olvidó que los siete millones setecientos mil votos que pedían hace nada desconocer esta ANC al que todos se arriman para ver si conquistan su espacio se evanescieron como sueño de un domingo de verano?
Se equivocan quienes creen que el domingo habrá un terremoto político en Venezuela. De temblor de baja intensidad no pasará. Como lo dijo el dictador  romano, allea iacta est: la suerte está echada.