Las últimas caretas se cayeron

“Dos cosas son infinitas: la estupidez

humana y el universo; y no estoy

realmente seguro de lo segundo”

Albert Einstein

Desde los inicios del régimen chavista, el Bloque Democrático y después el Frente Patriótico, señalábamos a la comunidad nacional e internacional que este gobierno caminaba hacia una “dictadura (in)constitucional”, que paulatinamente se iría arropando con su propio andamiaje legal y para ello requería de un Poder Judicial complaciente y dependiente del Ejecutivo nacional.  Por ello, desde su inicio se penetró al Poder Judicial  y se ahogó la independencia y majestad de los jueces.

También alertamos que la oposición, representada antes por la Coordinadora Democrática y ahora por la MUD, les servían como cuarta pata de la mesa para darle una caricatura de democracia al ejercer la política del “apaciguamiento y de la contemporización”, como método de lucha.

En el correr del año 2017, con las últimas sentencias del Tribunal Supremo de Justicia –si se le puede llamar así, pues son adefesios jurídicos–, con la frustración del referéndum revocatorio, el desacato a la Asamblea Nacional, la instalación de la asamblea nacional constituyente y las elecciones fraudulentas del 15-O, las caretas se han caído y el status quo de la oposición tendrá que verse obligado a confrontar al régimen con la resistencia activa de una desobediencia generalizada y prepararse para una clandestinidad que intencionalmente han evitado. Si a esta altura de la tragedia nacional no lo hacen, la gente por fin entenderá que forman parte del régimen. La cuarta pata de la mesa que le sirve de sostén se hará pública y así comenzará a resquebrajarse y a desmoronarse.

Es bueno recordar, por la falta de memoria histórica de la dirigencia nacional, que el principal instrumento de terror que contaban tanto el gobierno de Hitler como el de Stalin en un principio no eran los campos de concentración que ambos utilizaron contra la disidencia, sino la ley, pues esta se utilizaba como la base legal para la represión política. Así que los tribunales, penitenciarías y prisiones se convirtieron en el instrumento del terrorismo judicial. El conjunto de leyes que ambos dictadores comenzaron a darse –como lo ha hecho el régimen chavista-madurista– terminaron amedrentando a la población, que no tenía escapatoria legal.

Las normas que se habían aprobado le daban al régimen la base legal aun cuando fueran ilegales e inconstitucionales, podían detener a cualquier individuo que fuese denunciado contrario al régimen. Se penalizaban los rumores maliciosos, incluidos la propagación de  murmuraciones relativas al régimen o los comentarios despectivos sobre sus dirigentes, de tal manera que se terminaron destruyendo todas las libertades civiles con el efecto de que la población se entregó. En el caso venezolano, lo vemos con la dirigencia de los  partidos electoralistas

Estos regímenes, el nazismo de Hitler y el socialista marxista de Stalin, se inauguraron con los juicios y las condenas legales por traición, con la intención de amedrentar y destruir la oposición y la disensión aplicando diferentes medidas de coacción que no implicaban en muchos casos arresto o detención, porque lo que se pretendía con estas es que las personas dependieran y se identificaran más con el régimen. Para aplicar la coacción, por ejemplo, en Alemania se crearon los Blockwart o “guardias de manzana”, que cumplían diferentes funciones y que eran responsables de una manzana de edificios, logrando en esta forma controlar a sus residentes y disidentes que hubiesen en esa manzana.

El miedo penetró en todos los hogares y con el tiempo todos se volvieron más cautos y dejaron, sin más, de hablar entre ellos y con nadie. De tal manera que fueron retrayéndose cada día más hasta llegar a temer hablar mal de régimen entre la propia familia, porque no sabían si los propios hijos podían denunciar a los padres, pues a estos se les obliga a pertenecer a la juventud hitleriana y estaliniana. Cada uno de estos regímenes los perfeccionaría hasta acabar con la disidencia.

Todo el entramado del miedo se pudo construir tanto en el régimen nazi de Adolfo Hitler como en el comunista de Josef Stalin porque desde un principio dominaron al Poder Judicial, lo corrompieron y los adoctrinaron, convirtiéndolos en lo que se conoció después como “los jueces del horror”. Se sustituyó la aplicación de la justicia por la aplicación de los pensamientos de Hitler y de Stalin, del nacionalsocialismo y del comunismo. Lo poco de justicia que quedaba se interpretaba ajustado a esos pensamientos y doctrinas, y los pocos jueces dignos que se opusieron terminaron en los campos de concentración y de adoctrinamiento.

En la Alemania nazi como en la Unión Soviética, y como está sucediendo en Venezuela en pleno siglo XXI y sucedió en la Cuba castrista, la justicia se plegó a los amos del poder, y si en aquellas latitudes condenaron a cientos de miles de personas que se convirtieron en millones, actuando aparentemente bajo el imperio de la ley; en Venezuela como en Cuba, igual que en esos países, se está aplicando contra la población una justicia politizada que se colocó en posición de servilismo frente al Poder Ejecutivo, que ejerce una dictadura (in)constitucional. Por ello, no terminamos de entender ni aceptar el empecinamiento de la dirigencia nacional electoralista en concurrir a procesos electorales viciados y fraudulentos por migajas de poder, legitimando como consecuencia a la dictadura socialista marxista y a todo el engranaje que ha venido paulatinamente construyendo durante  estos 18 años,  por ejemplo, la asamblea nacional constituyente como coronación de los continuos fraudes. Es hora de la resistencia activa y quizás de la clandestinidad.

En estos momentos de total oscuridad para la patria siento “que no es mi fortaleza la que necesita cuidados, sino mi imaginación la que desea sosiego”.

¡Por donde andará Lucio Quincio Cincinato!

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