Quince años impregnados de dignidad

La Asociación Civil Gente del Petróleo emitió este domingo un comunicado a propósito de haber cumplido 15 años de fundada, tras la destitución de varios trabajadores de Pdvsa por parte de Hugo Chávez en los primeros días de abril de 2002 y los hechos que conllevaron al paro nacional de diciembre – febrero de 2003.
“Al final, resultamos todos botados injustamente, sin reconocimiento de nuestros emolumentos, con prohibición expresa de darnos trabajo en empresas asociadas al negocio petrolero, perseguidos y más de cien de nosotros citados por los tribunales. Imitando a Herodes unos soldados del régimen desalojaron violentamente y de madrugada a trabajadores, mujeres, ancianos y niños de sus casas en diversos campos petroleros, como consecuencia: familias sin cobijo y niños sin escuelas. Muchos exiliados y los demás: inciliados, o sea exiliados pero dentro de Venezuela”.
A continuación el comunicado:
Este dos de diciembre 23.000 trabajadores petroleros cumplimos quince años de habernos unido a la huelga general que plantearon los empresarios y trabajadores venezolanos.
Lo hicimos sin pedir absolutamente nada para nosotros. Convencidos de que había que tomar medidas para salvar la democracia y parar la destrucción de Venezuela que había iniciado la “revolución” bolivariana. También porque nos negábamos a ser espectadores pasivos de la degradación de la Pdvsa en que nos habíamos formado, donde ya era palpable la sustitución de la meritocracia – a cada quien según su aporte al éxito de la corporación-, por la politiquería – a cada quien según su sumisión al régimen-. La línea gerencial que había colocado a Pdvsa en apenas 25 años, como la segunda empresa petrolera del mundo, estaba en franco deterioro.
Al final, resultamos todos botados injustamente, sin reconocimiento de nuestros emolumentos, con prohibición expresa de darnos trabajo en empresas asociadas al negocio petrolero, perseguidos y más de cien de nosotros citados por los tribunales. Imitando a Herodes unos soldados del régimen desalojaron violentamente y de madrugada a trabajadores, mujeres, ancianos y niños de sus casas en diversos campos petroleros, como consecuencia: familias sin cobijo y niños sin escuelas. Muchos exiliados y los demás: inciliados, o sea exiliados pero dentro de Venezuela.
En esas circunstancias la condición económica de nuestras familias fue dramática. Colegios, comida, vivienda y un largo etcétera de necesidades básicas sin cubrir. Hambre, suicidios, infartos, enfermedades graves y muertes evitables, marcaron los primeros años. Varios miles decidieron irse y trabajan con singular éxito en empresas petroleras de otros países.
Son quince años de lucha por la democracia, que ya se pueden comparar con la larga noche de los 27 años contra el tirano Juan Vicente Gómez.
Quince años en los que hemos crecido. Agrupados en Gente del Petróleo y Unapetrol seguimos organizados en toda Venezuela y en otros países. Denunciando la destrucción de Pdvsa y la del país. Rediseñando la reconstrucción de la industria petrolera para la post revolución y participando políticamente para el rescate de la democracia. Y claro, llegado el momento, exigiremos el resarcimiento de los derechos que nos fueron conculcados.
Hoy los lamentables hechos nos dan la razón. No pudimos evitar la destrucción de Pdvsa, el daño de su infraestructura y los yacimientos, el desmantelamiento de las refinerías, el vertiginoso crecimiento de la deuda y del personal, el indetenible bajón de producción que se refleja todos los días en cuatro millones de barriles menos de los seis millones que sin duda estuviéramos produciendo los petroleros democráticos. Y de la vergonzosa corrupción no hablemos, ya que ellos mismos se están encargando de divulgarla. ¿Para eso quería Chávez “tomar esa la colina” cuando dijo “yo provoqué el paro”?
Luego de quince años nos sentimos orgullosos de poder mirar directamente a los ojos a todos los venezolanos. No pudimos evitar la destrucción del país y de su principal industria. Pero le ofrecemos a Venezuela nuestra capacidad, intacta y crecida. Y esperamos con ansia el alba de oro con el mismo espíritu del primer día para participar en la imperativa reconstrucción cuando la Democracia, como el Ave Fénix, renazca de sus cenizas.