Rostro diverso de la maldad socialista

Es precisamente lo que vamos conociendo desde el 11 de abril de 2002, inicio formal del socialismo gobernante en Venezuela. Porque no solo atestiguamos la naturaleza esclavista y exterminadora del socialismo sino además su capacidad seductora para hacer aflorar la vileza de una dirigencia demócrata que a lo largo de 15 años ha optado por la supervivencia de su elite por sobre la sociedad que le confió su destino.

El resultado está a la vista: El genocidio, siempre necesario a la consolidación del socialismo cuando es gobierno, alcanzó su nivel más alarmante a través del hambre, la enfermedad y el hampa, con la complicidad de una Asamblea Nacional que controlada por demócratas dio la espalda al mandato popular del domingo 16 de julio de 2017, mandato este que hubiera puesto un alto a la presente matanza en virtud de su alcance político de amplio espectro. Bastó con las primeras persecuciones contra los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) recién electos por el parlamento nacional para que este claudicara en peor manera con las trágicas consecuencias del presente.

Ha sido tal el grado de traición por parte del único órgano del Poder Público Nacional legítimo al día de hoy, que ni siquiera el accionar provechoso del Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, le ha servido para retomar la senda del restablecimiento constitucional. Pendiente como está la designación del CNE, Defensor del Pueblo y Contralor General de la República, la actual matanza socialista impone con urgencia a esa irresponsable Asamblea Nacional, la designación inmediata de un gobierno de transición que viabilice una intervención internacional que en el marco de nuestra Carta Magna, salve a Venezuela de una mayor catástrofe humanitaria. Quedan muchas vidas por salvar.

Prohibido olvidar. Ora y labora.

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