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BARÁJEMELA MÁS DESPACIO…

Si la semana pasada titulaba “Ya no estoy tan seguro”, hoy estoy más confundido aún.  Porque eso de que el mismo personaje —en la triple acepción del diccionario— que afirmó que las condiciones de equidad electoral buscadas en la República Dominicana no se habían logrado y por eso se retiraban de las reuniones, haya afirmado después, en una entrevista con César Miguel Rondón, que su partido y otros de los que fueron a Santo Domingo están pensando inscribir un candidato para las elecciones del 22-A, y que “hay que tomar esta decisión en cuestión de horas”, le saca a uno la alfombra debajo de los pies.  ¿Cómo es que—para decirlo con un modismo gringo— se habla por los dos lados de la boca?  Lo que ha hecho es poner más dubitativa a la posible masa de votantes anti-régimen.

Porque, dejémoslo claro, los venezolanos necesitamos salir de este régimen hambreador, inepto y corrupto.  Y la gran mayoría de nosotros creemos que la solución a ese problema debe llevarse a cabo según lo prevé la norma: por elecciones.

 

El asunto es que no deben ser unas elecciones a la medida del régimen, sino con las salvaguardas que están en negro sobre blanco en una Gaceta Oficial: sin que una dizque constituyente que no tiene ni legalidad ni mucho menos capacidad electoral las convoque, sin ventajismos por parte de uno de los competidores, con un árbitro electoral que no vista la camiseta de uno de los equipos, sin rehenes políticos en las mazmorras del SEBIN, con un registro electoral depurado y al día, cumpliendo con los lapsos específicos que dice la Ley y que están destinados a la inscripción, propaganda y correcciones de listas antes de la fecha de los comicios.  No cuando uno de los contendores decida que le conviene, escoja una fecha y se la ordene a las “honorables damas” del CNE.  No con los descarados chantajes a la masa ignara a la que se le dice: “saca el carné de la patria y vota por mí, que te doy bonos y cajas con comida, porque si no te mueres de hambre”.  No con las arteras maniobras para impedir el voto de quienes los adversan, ya sea por la mudanza de los centros de votación o por la imposibilidad artificialmente impuesta para que los venezolanos que residen en el exterior puedan inscribirse en el Registro Electoral.  No con los adoctrinamientos a la tropa por parte de una cúpula militar que se ha pasado por la bragueta el Art. 428 de la Constitución y los que siguen a este.

 

Fue un politólogo francés, Pierre Hassner, quien acuñó la palabra “democradura” para caracterizar a aquellos regímenes que acceden al poder por medio del voto y, ya asentados en él, proceden a destruir la institucionalidad que siglos de civilidad, de ensayos y errores, habían erigido; imponen una “democracia” plebiscitaria y sacrifican el Estado de Derecho y la libertad a sus afanes de permanecer en el dominio.  Es a eso a lo que nos han llevado con el transcurrir de estos ya casi veinte años desmandando.  Y nos lo han advertido muy seguido: que se mantendrán en el gobierno por las buenas o por las malas.  Ya sea por artificios electorales en los cuales se vota pero no se elige, ya sea por aquello de que —recordemos la amenaza— las balas les darían lo que no le concedían los votos.  No en balde su primer intento de tomar el poder fue con las armas, el ominoso 4-F. Por eso, debemos mantener en la mente el retintín de: “No volverán”.  Pero no para resignarnos ante ese albur, que no es fatalidad, sino para enfrentarlo y vencerlo.

 

Aun con todo lo anterior, sigo empeñado en que la mejor manera de salir de esta gentecita es mediante los sufragios.  Pero no unos cualquiera, no unos hechos de consuno, prêt-a-porter, para el ilegítimo, entre una espuria constituyente cubana y un adulterino, fraudulento, TSJ.  Nunca he estado por la abstención, pero por lo pronto como que me va a tocar decir al igual que quien jugaba barajas con un fullero: “barájemela más despacio…”  A menos que la dirigencia se deje de ambivalencias y tome en serio el papel que les corresponde jugar ante la Historia.

 

Los líderes políticos que se desdigan e inviten a votar sin que se les haya cumplido con sus exigencias previas de reformar las condiciones de desventaja, quedarán como un grupo de colaboracionistas, entregados, sin voluntad para enfrentar al régimen en sus intentos de arrogarse legitimidad.  Los votantes —reforzados por la opinión concordante de las academias, los rectores universitarios, los colegios profesionales, la Conferencia Episcopal y los gremios de producción— les exigimos a los dirigentes políticos que se pronuncien inequívocamente a favor del Estado de Derecho.  No proponemos la abstención, solo demandamos la aplicación de las normas que, por Ley, deben garantizar unos comicios equilibrados, transparentes y justos, que de verdad concluyan en la libre escogencia de los ciudadanos.

 

Creo que para finalizar no está de más recordarle a todo el estamento político —tirios y troyanos— unas frases de Andrés Eloy que nos hizo llegar el buen amigo Daniel Chalbaud: “La Patria es de todos. Nadie se ha ganado el derecho exclusivo de amar a la patria. (…) para que un país pueda marchar adelante precisa la confianza de sus hombres unos con otros; es preciso renunciar al monopolio del amor a la Patria. (…) Nos están contemplando desde el ayer, los fundadores del gran hogar venezolano; nos están contemplando desde el mañana los niños que no tienen la culpa de lo nuestro y que esperan una obra limpia de los pecados de los tiempos”.