El experto en terapia intensiva debería saber que la terapia intensiva no siempre salva vidas.
El veterano Ramiro Valdéz sí viene, a pesar de lo que algunos niegan, a enfrentar el problema eléctrico de Venezuela. Pero no viene a hacerlo como especialista en electricidad, sino como veterano en situaciones políticas extremas. Suele pensarse de los represores que son meros y brutales verdugos; pero eso no es necesariamente cierto. Para ser eficientes represores, hay que reprimir con objetivos claros que son parte de una politica de estado, y una política de estado nunca tiene un solo objetivo.
Valdez viene a arreglar las desbarajustes de una política que se le está desmoronando a la Cuba fidelista. Analícenlo desde ese punto de vista. Los Castro tienen un proyecto político y económico con Venezuela. Eso no significa simplezas como que Chávez está fascinado, subyugado, por Fidel Castro –que lo esté o no es asunto de él. Significa que existe un programa que incluye a los dos países con la anuencia y participación de Chávez, mas los del Alba, y que fue anunciado hace mucho tiempo. ¿No se acuerdan del directivo cubano que habló de los “dos presidentes”, de Venecuba y la bandera integrada, y otras señas? El empeño de Chávez –hasta ahora fracasado- de hablar de Cuba y de entusiasmar a los venezolanos con el fidelismo nace de la necesidad de preparar al pueblo para ese proceso.Tampoco significa crear un solo nuevo país, sino una federación de países que armonizan sus objetivos nacionales en un mas amplio programa; hay experiencias como el Mercado Común Europeo, el NAFTA norteamericano y el Mercosur –aunque este último anda bastante descoyuntado- que han dado peso esencial a lo económico, tributario y monetarista, pero que, aunque no esté entre sus elementos programáticos, generan consecuencias sociales y políticas.
En el caso de Cuba+Venezuela+Alba, hay objetivos políticos que exigen acciones sociales de los cuales depende el sostenimiento económico de la Cuba que está dejando Fidel Castro y aspira a recibir su hermano Raul. El error está en el descuido de la experiencia pragmática al tratar de ejecutar el programa de integración de las naciones en base al modelo cubano que, desde el punto de vista gubernamental, es el único que está sólidamente establecido.
Es decir, a pesar de la frase tan usada por Chávez, la revolución venezolano-nicaragüense-boliviana y más o menos ecuatoriana, no está innovando, se está adaptando a un modelo que, si no en bienestar de su pueblo, sí funciona en cuanto a control y operación gubernamental.
Los problemas han estado en dos realidades.
Por una parte, que el mundo de la primera década del siglo XXI no es el de los años sesenta del siglo XX, no existe una megapotencia protectora y en cambio hay varias potencias insurgentes y con peso que no piensan en lo ideológico sino en lo económico. No hay una gran guerra universal entre dos dueños del mundo, hay muchísimas pequeñas guerras localizadas. Cada vez es menos el petróleo un factor dominante de la economía, y cada vez lo es más la tecnología. Y se suma una cuestión de muy peligroso potencial que ninguna ideología puede controlar: el fundamentalismo musulmán.
Por la otra parte, el proyectado nuevo grupo de naciones tiene dos fallas muy graves.
La nación más sólida y avanzada en el sistema de gobierno, está arruinada, no tiene cómo vivir de sí misma, mucho menos de sostener económicamente su influencia en las otras. Y la nación que tiene todo el dinero para sostener e impulsar al resto del grupo, carece de la eficiencia mínima de gobierno y ha estado caminando, desde que se dio la partida del grupo, de error en error. Los Castro controlan a su pueblo por represión experimentada –que empieza de todas maneras a mostrar agujeros- mientras Chávez sólo ha logrado hacerlo con una represión a pedacitos y un intento de entusiasmar por radio, televisión, frases y gestos, que aún en sus mejores momentos no logró convencer a nadie de los valores de la pobreza y la igualdad económica, ni de las maravillas del castrocomunismo.
Eso es lo que Ramiro Valdez viene a tratar de arreglar. Los diversos elementos necesarios que deben funcionar bien lo más pronto posible antes que Cuba, y tras ella todo el grupo, terminen de venirse abajo. Tiempo corto, dadas las edades de los líderes en Cuba –el ideológico y el pragmático- que se acorta aún más ante el desgaste del gobierno del país del dinero que no sólo se está quedando sin la necesaria base popular, sino también sin recursos suficientes.
El problema eléctrico es parte muy importante de esas fallas que deben ser corregidas. Porque es un grave riesgo económico y aún más un peligrosísimo riesgo sociopolítico que no admite dilaciones ni más incompetencias. Y junto al eléctrico, otros problemas crecientes, como la pérdida de control de las calles y de los sectores populares, la excesivamente descuidada y extendida corrupción que debilita la capacidad de decisión adecuada de los funcionarios de todos los niveles, sumada a la incompetencia de demasiados burócratas y políticos que no logran poner en marcha al país tras once años.
Chávez tiene los recursos y los especialistas venezolanos para establecer y desarrollar un programa coherente y eficiente –y por ello creíble y respaldable- para ir resolviendo el caos eléctrico. Pero no confía en ellos, no confía en su absoluta lealtad política. Igual que tiene, claro, sobrados especialistas para arreglar la situación económica, la mayor producción y eficacia petroleras, el rescate de las industrias básicas y los corrosivos problemas de la inseguridad ciudadana y de la invasión de guerrilleros y del narcotráfico. Pero no los puede usar porque, además de la falta de confianza, tendría que cambiar una filosofia de gobierno por otra que, la haga como la haga, pulverizaría a sus programas internacionales –Alba, Petrocaribe, etc.
Por eso Chávez está organizando una especie de equipo de emergencia. Valdez, con la experiencia cubana de control absoluto; De Vido, de Argentina, la experiencia del manejo altamente rentable de la maquinaria gubernamental; y los respaldos de cada uno de ellos.
Que lo logren, es asunto diferente.
Tal vez esté siendo demasiado poco, demasiado tarde. No todos los enfermos extremos logran salir con vida de la terapia intensiva. Para desgracia del gobierno de Chávez, de Valdez y de De Vido, el problema eléctrico ni los otros se resuelven sólo con dinero y con represión. Exigen inversiones enormes y, especialmente, el concurso dedicado de expertos de alta capacidad –que los hay pero no son políticamente confiables- y un programa que, se quiera o no, obliga la participación con sacrificios de la población.
Para no hablar del petróleo, cargado en la administración Chávez-Ramirez de accidentes, fallas, pérdida de mercados, caída constante de la producción y acumulación de enormes deudas.
En el mejor de los casos, Ramiro Valdez podría lograr –quizá- una corrida de la arruga, pero a costa de decisiones que pueden ser altamente riesgosas –más y mejor organizada represión, suspensión de las elecciones de septiembre, mas cierres de medios, puño de hierro con los sindicalistas y los empresarios, retoma del control de los propios cubanos asignados a Venezuela.
Pero también podría ser el canto del cisne revolucionario de Ramiro Valdez. Y de las expectativas de los hermanos Castro.
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